Si pasamos la noche juntos

Cuando vuelves a la soltería, una de las cosas que más se extrañan durante los primeros días es dormir en compañía. Sobre todo, si tenías como pareja a un koala que se pasaba la noche abrazado a ti (sí, ese fue mi caso). Cuando pasa el tiempo, realmente lo que no soportas es dormir acompañada. Recuerdo cómo me torcían el morro mis amantes ocasionales cuando llegado el momento les pedía que se fueran, que necesitaba descansar y que no era capaz de dormir con nadie. Se enfadaban, sí y con razón.

 Supongo que todo son etapas o circunstancias. Ahora me encanta pasar la noche entera acompañada, supongo que es el final perfecto de una cita, que ya de por sí, ha sido especial. A ver, endiéndeme, tampoco pasas la noche con cualquiera, es un paso más en la intimidad, es disfrutar de la compañía en otros escenarios más cercanos, es subir de nivel con la persona que te acompaña. Es la diferencia.

 Dormir junto a tu amante, después de habernos perdido entre esas sábanas hasta encontrar el orgasmo, sentir su respiración, su piel… no sé, yo me siento bien. Protegida. Y luego despiertas y ahí somos tan vulnerables, tan auténticos y normales.

 Vamos que sí, que toda una vida puede suceder durante una noche en compañía de esa persona. Sí, de “esa”.

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Casados VS solteros

Los clientes solteros son diferentes a los clientes casados. Honestamente prefiero los casados, digamos que están más acostumbrados a la compañía femenina, son más pacientes con nosotras, no tienen la necesidad ni la urgencia que, siempre según mi experiencia, he observado que les sobra a los solteros. También valoran más a la amante, mucho más, nos regalan su mejor cara, sus mejores formas. Sí, los casados son mis favoritos.

Un casado nunca te pedirá que pases una noche con él en los primeros encuentros y eso es maravilloso. El casado soñará con esa noche y se las ingeniará, tarde o temprano, para vivirla contigo.

Un soltero dispone de cada noche y no le importa proponértelo en un primer encuentro, sin conocerte prácticamente.

Me parece un horror. Una noche completa con un cliente desconocido es una experiencia por la que no quisiera pasar. Mi espacio, mis rituales del desmaquillante, mi sueño, mi despertar. ¡No, joder! ¿Cómo es posible que querais regalar, incluso pagar, para pasar una noche con una escort con la que no hay “eso” que da la confianza?

No os entiendo, clientes solteros, de verdad que no. Y parafraseándoos: “Deberíais venir con manual de instrucciones”

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