Aprendo de gente bonita

El aprendizaje es, creo, lo que más valoro en la vida. Eso y un buen vino, unos zapatos nuevos y mi perfume favorito. Pero vamos, que el aprendizaje, también 😉

 Aprendo muchísimo de vosotros. Imaginaros, tengo la oportunidad de conocer hombres de diferentes perfiles que han conectado conmigo por como soy, por lo que escribo. Con esos hombres construyo citas, momentos en los que ambos buscamos la magia y dar lo mejor. Pinta bien, ¿no?. Pues sí, realmente, suele ser una pasada.

 He aprendido a leer a las personas casi desde el primer mail. Por lo que me dicen y por cómo me lo dicen me voy creando un perfil mental. Es muy fácil encontrar lo que busco después de un primer mail, normalmente no me equivoco. Me gusta encontrar a esa gente bonita entre esos otros correos que no me inspiran lo suficiente para poder aceptar una cita. No sé, supongo que ellos no me parecen gente bonita, no me saben llevar o no encuentro la suficiente confianza y cariño en sus palabras. De ellos no tengo nada que aprender ni ellos que aprender de mí, por eso, simplemente quedarán en nada.

Luego ya, los que se quedan son ellos, son mis amantes, son a los que cuido por encima de todo, a los que les dedico mi atención plena y con los que construyo. Ellos me hacen ser mejor persona por tanto cariño que son capaces de darme, por tantas cosas increíbles que llegamos a formar. Ellos me enseñan su forma de vida y yo les intento enseñar a sentirse tan únicos como yo los percibo.

 Qué idiotas los que piensan que sólo hablamos de sexo. Idiotas y ciegos.

 Esto es otra película que llega cuando tiene que llegar.

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¿50 son multitud?

Hace tiempo hice una petición, quería cumplir una fantasía y os lo conté aquí  Como no podía ser de otra manera, porque mis amantes me cuidan y les gusta darme caprichos (unos caballeros de los pies a la cabeza), ÉL me escribió para proponerme ir a un local liberal y así, conocerlo a su lado.

 Me encantó la idea, me excitaba, me imaginaba en mil situaciones diferentes en aquellas instalaciones que había escudriñado varias veces a través de la web del sitio. Además, iba con ÉL, me gustaba que fuera ÉL. Ya nos conocíamos de otras ocasiones, siempre ha existido mucho feeling y conectamos fenomenal en la cama. Me sentía protegida yendo con ÉL, sabía que me cuidaría.

 Creo que era la primera vez en mi vida en la que me sentaba en una barra (¿de bar?) para pedir una copa de vino llevando una toalla y nada debajo. Pero así estábamos todos, así funciona esto. Una pareja al fondo charlando y riendo, varios hombres que clavaban su mirada en mí, que se ponían cerca de nosotros para dejarse ver, con la intención de ser los elegidos para participar en nuestro próximo polvo.

 Ellos no decían nada, simplemente estaban cerca y me miraban. No sé si  se sentirían como depredadores, pero yo me sentí como un cervatillo rodeada de leones, leones educados, pero leones. ÉL se lo tomaba con humor y parecía no importarle, me transmitió su seguridad y cada vez me fui sintiendo más cómoda en aquel sitio, en el que los instintos primarios parecían hablar fuerte.

 Fuímos a dar un paseo, buscando un poco de intimidad. Nos seguíamos cruzando con gente interesada en nosotros, esperando una mínima señal de invitación a acompañarnos. Agarré la mano de ÉL, supongo que comprendió sin necesidad de decirlo que no quería compartirle ni que me compartiera, que quería que estuviéramos a solas y así fue. Estuvimos en una de las habitaciones de amplias camas, con luz tenue y puerta cerrada con pestillo. De vez en cuando escuchábamos los intentos de gente por entrar, pero nos daba igual, incluso nos excitaba, ese era nuestro momento y no lo íbamos a compartir.

 Excitante fue y una experiencia que recordaré siempre, también. Me encantó vivirlo con ÉL. Creo que el mundo liberal no está hecho para mí, aunque aún es pronto y deberé inmiscuirme en más ocasiones para formarme una opinión real. De momento soy egoísta con la atención que doy y solicito a un amante.

Gracias a TI por hacerme reflexionar sobre esto.

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Cuando las mariposas dejan de volar

 Llega un momento en el que tomas LA DECISIÓN. Apuestas por una persona, por construir un paraíso juntos, por, incluso, tener hijos y cuando te das cuenta han pasado años, el paraíso se ha convertido en una rutina, en una Matrix y sientes que quizá, y sólo quizá, no elegiste la píldora del color correcto cuando te las ofrecieron, Neo.

¿En serio no hay nada más ahí fuera?, ¿de verdad ha llegado “el gran apagón”?. ¿Las mariposas de mi estómago han dejado de volar porque no conoceré a una nueva persona que las haga despertar antes de verla, antes de saber que tendremos una cita en la que acabaremos follando como locos, porque en mi Matrix no existe esa posibilidad?.

 ¡Qué difícil es enfrentarse a estas preguntas y a esta realidad!

 Se quieren aventuras pero el peaje a pagar es alto y además, no nos vamos a poner a buscar el pasaporte. Se quiere que las mariposas vuelen, porque cuando vuelan nos hacen sentir muy bien, porque aunque no sea políticamente correcto, nos apetece echar un polvo y seducir a una nueva persona. Eso es así y lo sabemos.

 Y es ahí cuando entra en juego una nueva posibilidad, una escapada, una luz al final del túnel. ¿Pueden volver a volar las mariposas sin que esto suponga un compromiso, una aventura que dure más de unas horas? ¿algo que sea un secreto entre dos adultos consentidores y que no implique renunciar o variar mi Matrix?, ¿puedo volver tocar un nuevo cuerpo, disfrutar de un polvo después de una cita romántica sin más?

 Se puede. Ya te lo digo yo y se llama Girlfriend Experience.

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