La sorpresa que me das

 Somos personas. Las personas tenemos capacidad de sorpresa. Yo me sorprendí…

 Nueva cita, nuevo amante, nuevos nervios previos y  nueva excitación. En aquella ocasión no se habló de velada, ya que sus circunstancias personales, a priori, no lo permitían. Hago incapié en la diferencia que existe a nivel experiencial entre una cita en la que podemos cenar juntos, conocernos, seducirnos… a una cita directamente en la habitación. Digamos que la primera puede subir en cuatro o cinco puntos la experiencia. Supongo que es obvio.

 No podía ser, al menos, aquella vez.

En cuanto posó sus manos sobre mí supe que sabía perfectamente cómo tratar a una mujer y que realmente tendríamos un encuentro de lo más especial, aún siendo el primero, aún sin apenas conocernos. Esas cosas se saben.

 Hablamos de sorpresa y hablamos de sensaciones. En el momento, entiendo que sólo reconocemos entre sensaciones gratas o las que no lo son. Es horas más tarde, días más tarde, cuando recuerdas aquel encuentro y te sorprendes sonriendo, cuando eres plenamente consciente de las verdaderas sensaciones.

 Es maravilloso que pasen cosas, que personitas increíbles te encuentren y te regalen esas sensaciones y recuerdos, que se quedan ahí, haciéndote la vida más feliz.

GRACIAS por aparecer 🙂

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Primeras citas

Hacía mucho que no le cogía la mano a una desconocida, al menos, eso me dijo, y le creí. Lo hizo tímidamente mientras cenábamos, en un restaurante íntimo, de los que nos gustan para una primera cita.

Hablamos de cine, de series, de política, de él, de mí, de la vida, de nuestros sueños e ideales… Era fácil encontrar puntos comunes, siempre lo es con personas inteligentes y que están a favor de pasar una gran noche.

No sé exactamente en qué punto, quizá durante la última copa de vino, quizá ya en los cafés, sacó una cajita de un bolsillo de color  turquesa con un lazo blanco. ¿Era Tiffany?, sí, claramente era una pulsera de la joyería favorita de cualquier mujer. Me fascinó el detalle y le dije que me pidiese algo, que jugáramos un poco.

Pensó unos segundos y me dio la tarjeta de la habitación, se alojaba en el hotel de al lado. Me pidió que fuese a la habitación y que tenía 15 minutos de tiempo para sorprenderle. Le sonreí. Me gustó. Estaba deseando.

Subí rauda y veloz, me puse un body de encaje que llevaba guardado en el bolso, me alboroté el pelo para darle volumen, me coloqué las medias de blonda, adecué la iluminación de la habitación y le esperé sentada en una butaca junto a la cama. Abrió la puerta, me miró, sonrió y comenzamos a besarnos, supongo que ya habíamos hablado suficiente y se habían generado intensas ganas de comernos enteros, sin miramientos.

Después, tumbados en la cama, desnudos y abrazados, ambos mirábamos hacia no sé dónde, cada cual con sus pensamientos y disfrutando del momento. Son momentos de silencio y de sentir. Fue él quién lo rompió y sólo me dijo un significativo (muy significativo) “gracias” seguido de un beso.

Esta mañana, hoy, desde esta ventana, sólo puedo decirle lo mismo. GRACIAS.

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Dulce y sensual

La sensualidad y la dulzura es algo que valora especialmente de mí toda la gente que me conoce. No hablo sólo de amantes. Así me definieron unos amigos hace sólo unos días.

 Supongo que cada uno tenemos nuestros “súper poderes” y esos, en mi caso, son bastante destacables. Ser sensual y dulce, no es algo que se pueda aprender, son innatos, como lo son los talentos de cada uno. Luego ya, se pueden añadir habilidades, que esas sí se aprenden.

Lo que he podido observar es que estos súper poderes son capaces, a su vez, de transformar a la persona que tienes delante. La dulzura crea dulzura y la sensualidad, también. Imagino que son sensaciones capaces de sacar una versión mejor de nosotros mismos, como cuando vemos el video de un gatito. ¡Esos gatos son jodidamente tiernos!

gatito

 A su vez, me planteo que, aunque tengo la suerte de que mis amantes siempre me ofrecen su dulzura, aun cuando nos acabamos de conocer. Si es algo tan destacable, es que quizá no es tan fácil encontrar y puede que menos por estos lares.

 Quizá por eso siento que estoy haciendo las cosas bien, que dentro del sexo de pago se puede ofrecer y recibir mucho más. Quizá por eso mis amantes me valoran tanto o yo les quiero seguir teniendo cerca. Quizá lo que formamos juntos sea la diferencia. Quizá por eso a veces siento que la etiqueta “Girlfriend experience” se queda corta, pero no habiendo otra a mano, sea la que mejor define lo que somos capaces de sentir.

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