La opción más cómoda y segura siempre es contratar a una escort

El otro día me llamó un amigo que con la excusa de tomar un vino, quería saber mi opinión sobre la crisis existencial que estaba viviendo.

-Una copa de blanco, por favor. -Fiel a mis costumbres.

+ Para mí un Gin tonic.

Era pronto y ya estaba con Gin tonic, su crisis claramente iba más allá de temas laborales. Directamente le pregunté cómo le iba con la chica con la que salía hacía unos años.

 Siempre me la había pintado muy bien y sinceramente, creí que acabarían teniendo hijos, hipotecas y un divorcio tormentoso (pero más adelante). Ahí vino el huracán.

+ Quiero tirarme a otras – soltó tras dar el primer sorbo a su copa.- Blablablá me gusta, es una chica fantástica con la que todo funciona estupendamente. No sé qué pasa, no sé por qué entonces me apetece conocer otros cuerpos, vivir aventuras. Ya sabes…

 Sí, ya lo sé. Claro que lo sé. Es algo que en primera instancia, cuando una relación comienza, te niegas a creer pero que, en última instancia, la realidad es que ya pueden pasar uno o los años que sean, en algún momento, te  apetecerá acostarte con otras personas. Descubrir esto por primera vez es como cuando te enteras de que los Reyes Magos no existen, en el fondo ya lo sabías pero molaba mantenerlo.

– Pues tírate a otras. Pero de buen rollo.

+ Joder, ¡no es tan fácil! Que si conocer, que si seducir, que si quedemos, que si no me mandes whatsapp, que si te los manda y tienes que dar explicaciones. Es mucha movida…

Os juro que me tuve que morder la lengua para no decirle “¡que llames a una escort, melón!”. Pero no, claro, es algo que no hay que decir.

Siempre he defendido que la opción más cómoda y segura cuando te encuentras en esta situación es contratar a una escort que cumpla con lo que se está buscando. Saber que vas a estar con una chica de tu gusto, sexualmente implicada, con la que disfrutar  y sin complicaciones emocionales, realmente tiene que ser  una pasada. Y siempre va a ser mucho más económico (en tiempo y dinero ) que una amante al uso.

– La verdad es que no se me ocurre nada que puedas hacer en este caso.- Tuve que decir finalmente.

+ Ya. Es muy complicado. De todos modos, gracias por escucharme. ¿Qué te parece lo de Bob Dylan?…

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La noche se torció

A veces sucede que salgo con la intención de no volver sola a casa. Días en los que me apetece conocer a alguien y vivir una historia de pasión de una noche. O quizá de encontrarme con alguien que ya conozco y acabar follando.

Proyectar la imagen de lo que os acabo de contar no va conmigo, así que siempre lo disfrazo bajo un aspecto de mujer cuidada, elegante y con un matiz sexy.

Esa tarde me habían invitado a un acto de los que dan mucha pereza pero a los que hay que ir y por supuesto, en los que hay muchas posibilidades de que “pasen cosas” que faciliten tener la noche que esperaba.

¿El acto? Un auténtico coñazo, no defraudó.

Seguidamente había una cena. (Ey! ahí seguro que encuentro un chico interesante). En cuanto llegué al restaurante y vi el tipo de gente con la que tendría que pasar el resto de la noche, se me vino el mundo encima.

Tiré de Whatsapp. Un amigo al otro lado.

22:17 – Dime dónde andas y que me haces un hueco. POR FAVOR!

22:19- Estoy al lado de blablabla, en un sitio que se llama blablabla. VENTE!

La vida es bella.

Puse una excusa de las que todos ponemos cuando nos damos cuenta de que no tenemos por qué estar donde no nos apetece.

¡Taxi!

Tardé diez minutos en aparecer y ¡oh!, ¡sorpresa! ¡¡el plan era fantástico!! Chicos, chicas, gente de mi sector a los que aún no conocía, vino blanco, buen rollo, sitio tranquilo, mi amigo y todos coincidiendo en lo guapa que estaba. Por mí, todo correcto.

La noche se fue tiñendo de un tono extraño a medida que pasamos de los primeros vinos. Una chica haciendo el pino puente, un chico que doblaba la edad a una pelirroja que se sentaba en sus piernas, una chica  histriónica haciéndose notar y un chico diciéndome que si salíamos juntos me haría la mujer más feliz de la tierra. La escena era dantesca y yo aún no había cenado.

– Se están drogando, ¿verdad? -Pregunté a mi amigo.

+ Claramente.

– Qué asco…

Seguimos observando la imagen desde una distancia que nos hacía sentir en una realidad paralela. Nos miramos y sin decir nada supimos que era el momento de retirarse.

Al llegar a casa volví a abrir Whatsapp para escribir a mi amigo.

2:56 – Qué sabor tan poco dulce sin llegar a ser amargo.

2.57- Tenemos la piel muy fina. Descansa.

Me puse un camisón, guardé mis tacones y navegué entre el porno que ofrece la red. Finalmente mi noche tuvo pasión, aunque con una persona menos de las que esperaba.

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Anoche soñé…

Dicen los señores que saben de estas cosas que sólo soñamos con lo que deseamos o con lo que tememos. Eso dicen.

 Anoche soñé con que él estaba en mi casa, sentado en mi sofá y veíamos un capítulo juntos de Stranger Things. Él es uno de mis amantes de pago, la ley de vernos fuera de mi casa es inquebrantable, mi sofá es acogedor  y Stranger Things es la mejor opción de serie que se puede ver en este momento, un soplo de aire fresco que está cargada de abrazos al cine de los 80.

 Hechas las presentaciones de la escena, comentar que en mi sueño la sensación era de comodidad absoluta. Él estaba sentado mirando el capítulo y comiendo palomitas que probablemente nos habíamos preparado en el microondas, yo estaba con mi camisón de verano, tumbada a su lado y dejando mis piernas sobre las suyas. Ambos teníamos el pelo revuelto, seguramente habíamos estado follando antes de ponernos a ver la serie y probablemente también lo haríamos después. Ambos estábamos buscando los mimos del otro, sentir el calor y disfrutábamos de la cotidianidad.

Era una escena tierna dentro de un sueño tierno.

 No sé si es temor o si es deseo. Lo que sé es que mi amante me gusta una barbaridad y eso es así y eso es un secreto. Shhhh!

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