La mujer que hay detrás

Hoy es sábado y Marta descansa, así que, escribo yo. Tampoco daré mi nombre real, supongo que no importa demasiado.

Marta forma parte de mí, es mi alter ego, es sofisticada, atrevida, directa, inteligente y sexy. Cuando se baja el telón aparezco para admirar a Marta desde el silencio, me acaricio recordando las historias que ella vive y deseando a los hombres que ella conoce.

Me encantaría poder hablar con total naturalidad a mi entorno, contarles que cuando no cojo el teléfono o desaparezco de la oficina con antelación, es para meterme en la piel de Marta. Que disfruten tanto como yo de sus proezas, evitarme los silencios  y las faltas de honestidad. Supongo que eso no es posible. Ser escort no está bien visto, ya sabes.

Nos permitimos juzgar porque una persona haga uso de su libre albedrío. De su sexualidad. Aún nos parece más escandaloso si no hay una historia dramática detrás. Tras Marta no la hay. Ha tenido una infancia feliz, una vida tranquila, gente que la quiere, nada de drogas, ni alcohol, ni hijos… no sé, no tiene excusa. Ella es escort, simplemente porque en este momento le apetece serlo. Qué puta!! Pero si la vieras, es tan “normal”, que nadie puede sospechar que va a cobrarle al señor que le acompaña. Estoy segura también, de que el señor se llega a olvidar de que ha pagado y  ella de que ha cobrado.

A Marta le gusta disfrutar y hacer que la gente se sienta bien a su lado, a mí me gusta leer novelas independientes. Marta se fascina con un buen reloj, yo soy más de Yoga. Marta disfruta de una cena con vino tinto en un buen restaurante, yo preparo cenas en casa para mis amigas. Marta tiene un presente (hasta que se canse) y yo un futuro…

Y así es como las circunstancias del momento, consiguen aflorar a dos mujeres diferentes en un mismo cuerpo, o a una mujer con capacidad de dar rienda suelta a su fantasía y llevarla a cabo. Vete tú a saber.

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Las expectativas están para superarlas.

Siempre hay que hacer caso a las indicaciones que da nuestro “sexto sentido”. En esta profesión, tengo claro que más todavía.

Nunca quedo con nadie cuando, tras una conversación telefónica, hay algo que hace saltar mis alarmas.

Sin embargo, cuando lo que te inspira son ganas irrefrenables por conocer a la persona, también hay que hacer caso a esa vocecilla, ya que su índice de acierto es del 98%. Sí, como la píldora.

Describirle es inútil, pues va más allá de simples palabras, aunque pueda parecer una apreciación demasiado romántica.

Pienso en ti esta noche, que te intuyo leyéndome y solo puedo darte las gracias por  la DULZURA (con mayúsculas) y por una cita que se ha quedado corta.

Hace unos días pedía encontrar al cliente perfecto. Creo que si no es él, desde luego, es quién más se le parece.

Pido perdón por la ñoñería, pero me ha dejado en una nube.

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