La novedad es un plus

En los últimos meses han cambiado bastante las cosas en mi vida. Si ya me conoces, sabes perfectamente a lo que me refiero. Si aún no nos conocemos, lo dejaremos en que una nueva empresa se ha dado cuenta de que soy la mejor opción con la que pueden contar y ésto ha hecho que cambie de ubicación, de horarios, de despacho y (lo más excitante) han cambiado las personas con las que más tiempo paso a lo largo del día.

 Nueva gente, me encanta la gente. Se abre un espectro de compañeros que desean follarse a “la nueva”, además la nueva está soltera y bastante buena. Lo mejor de todo esto, es que la nueva soy yo 🙂

 No he cambiado demasiadas veces de empresa, pero siempre que lo he hecho recuerdo haber empezado con el propósito de no liarla parda. Espero saber reconocerme a mí misma tarde o temprano que sí, que la voy a liar parda, que me voy a tirar a quién no debo y que viviremos alguna situación de las que no apetecen, después de vivir otra que apetecía mucho. Partir de esa base, pienso que facilita mucho las cosas. Hay que conocerse.

 Esta nueva empresa tiene mucho que ofrecerme, realmente considero que puedo aprender muchísimo allí. Por otro lado,  en el departamento jurídico he visto a un par de  compañeros que también parecen tener BASTANTE que ofrecerme 😉

 Ya, ya sé que tirarse a alguien de la oficina es de las cosas menos inteligentes que se pueden hacer en la vida, pero que levante la mano quién no lo haya hecho. ¡¡¡Lo hemos hecho todos!!!  ¿a quién queremos engañar? Lo hacemos principalmente por cercanía, tampoco tenemos tanto tiempo para estar conociendo gente nueva. Y lo hacemos también por curiosidad, nos encanta descubrir cómo se lo monta una persona nueva y hasta dónde es capaz de llegar.

 La sensación de aparecer por la oficina con mis tacones y sofisticación, mientras noto las miradas de mis nuevos compañeros deseándome, me pone muchísimo. Me encanta gustar, es superior a mí. Pero, eso sí, esta vez no voy a liarla parda, de verdad que no…

😉

P.d. A pesar de los cambios, sigo teniendo tiempo para una excitante cita con un hombre diferente, elegante, generoso y que sepa hacer que una mujer se sienta única. Escríbeme y te digo cómo hacerlo. citaconmarta@gmail.com

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Primeras citas

Hacía mucho que no le cogía la mano a una desconocida, al menos, eso me dijo, y le creí. Lo hizo tímidamente mientras cenábamos, en un restaurante íntimo, de los que nos gustan para una primera cita.

Hablamos de cine, de series, de política, de él, de mí, de la vida, de nuestros sueños e ideales… Era fácil encontrar puntos comunes, siempre lo es con personas inteligentes y que están a favor de pasar una gran noche.

No sé exactamente en qué punto, quizá durante la última copa de vino, quizá ya en los cafés, sacó una cajita de un bolsillo de color  turquesa con un lazo blanco. ¿Era Tiffany?, sí, claramente era una pulsera de la joyería favorita de cualquier mujer. Me fascinó el detalle y le dije que me pidiese algo, que jugáramos un poco.

Pensó unos segundos y me dio la tarjeta de la habitación, se alojaba en el hotel de al lado. Me pidió que fuese a la habitación y que tenía 15 minutos de tiempo para sorprenderle. Le sonreí. Me gustó. Estaba deseando.

Subí rauda y veloz, me puse un body de encaje que llevaba guardado en el bolso, me alboroté el pelo para darle volumen, me coloqué las medias de blonda, adecué la iluminación de la habitación y le esperé sentada en una butaca junto a la cama. Abrió la puerta, me miró, sonrió y comenzamos a besarnos, supongo que ya habíamos hablado suficiente y se habían generado intensas ganas de comernos enteros, sin miramientos.

Después, tumbados en la cama, desnudos y abrazados, ambos mirábamos hacia no sé dónde, cada cual con sus pensamientos y disfrutando del momento. Son momentos de silencio y de sentir. Fue él quién lo rompió y sólo me dijo un significativo (muy significativo) “gracias” seguido de un beso.

Esta mañana, hoy, desde esta ventana, sólo puedo decirle lo mismo. GRACIAS.

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La noche se torció

A veces sucede que salgo con la intención de no volver sola a casa. Días en los que me apetece conocer a alguien y vivir una historia de pasión de una noche. O quizá de encontrarme con alguien que ya conozco y acabar follando.

Proyectar la imagen de lo que os acabo de contar no va conmigo, así que siempre lo disfrazo bajo un aspecto de mujer cuidada, elegante y con un matiz sexy.

Esa tarde me habían invitado a un acto de los que dan mucha pereza pero a los que hay que ir y por supuesto, en los que hay muchas posibilidades de que “pasen cosas” que faciliten tener la noche que esperaba.

¿El acto? Un auténtico coñazo, no defraudó.

Seguidamente había una cena. (Ey! ahí seguro que encuentro un chico interesante). En cuanto llegué al restaurante y vi el tipo de gente con la que tendría que pasar el resto de la noche, se me vino el mundo encima.

Tiré de Whatsapp. Un amigo al otro lado.

22:17 – Dime dónde andas y que me haces un hueco. POR FAVOR!

22:19- Estoy al lado de blablabla, en un sitio que se llama blablabla. VENTE!

La vida es bella.

Puse una excusa de las que todos ponemos cuando nos damos cuenta de que no tenemos por qué estar donde no nos apetece.

¡Taxi!

Tardé diez minutos en aparecer y ¡oh!, ¡sorpresa! ¡¡el plan era fantástico!! Chicos, chicas, gente de mi sector a los que aún no conocía, vino blanco, buen rollo, sitio tranquilo, mi amigo y todos coincidiendo en lo guapa que estaba. Por mí, todo correcto.

La noche se fue tiñendo de un tono extraño a medida que pasamos de los primeros vinos. Una chica haciendo el pino puente, un chico que doblaba la edad a una pelirroja que se sentaba en sus piernas, una chica  histriónica haciéndose notar y un chico diciéndome que si salíamos juntos me haría la mujer más feliz de la tierra. La escena era dantesca y yo aún no había cenado.

– Se están drogando, ¿verdad? -Pregunté a mi amigo.

+ Claramente.

– Qué asco…

Seguimos observando la imagen desde una distancia que nos hacía sentir en una realidad paralela. Nos miramos y sin decir nada supimos que era el momento de retirarse.

Al llegar a casa volví a abrir Whatsapp para escribir a mi amigo.

2:56 – Qué sabor tan poco dulce sin llegar a ser amargo.

2.57- Tenemos la piel muy fina. Descansa.

Me puse un camisón, guardé mis tacones y navegué entre el porno que ofrece la red. Finalmente mi noche tuvo pasión, aunque con una persona menos de las que esperaba.

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