Sábado noche

 Hoy es mi último día lejos de Madrid, regreso mañana domingo tras unos  días de viaje a un lugar que mantiene  temperaturas veraniegas. Me gusta el calor en tiempo y en carácter.

 He venido con un cliente de mi empresa . Así soy yo, cada cierto tiempo tengo que crear una situación de alto riesgo para equilibrar mi mundo. Me sucede desde siempre, al principio no entendía por qué hago cosas tan diferentes a las del resto de mi entorno, cosas que deben ser secretas para evitar juicios o pellizcos emocionales innecesarios a terceros. Después simplemente lo he aceptado y dejado de cuestionarme. Así vivo mucho más tranquila. Me parece necesario tener secretos. No sé si te pasa lo mismo.

 No es importante cómo ha surgido  este viaje, no nos conocemos demasiado, pero me lo propuso y acepté. Solo le pedí que me regalara unos días que no pudiera olvidar jamás. Recogió el guante y ha cumplido con creces mis expectativas.

 Durante la cena de hoy le he soltado que para mí es muy importante que nuestro desliz sea un secreto. He supuesto que a él tampoco le interesa que se sepa, pero prefiero poner este tipo de cosas sobre la mesa y que podamos hablarlas con naturalidad. Me ha parecido que no le ha gustado demasiado mi planteamiento y ha subido la apuesta ofreciendo otros planes para que podamos hacer en Madrid la próxima semana. Me he quedado callada. Seguir quedando con él es demasiado arriesgado para mí.

 Al subir a la habitación, me ha sentado en el sofá y se ha puesto de rodillas frente a mí. Me ha bajado las bragas y ha comenzado a hacerme un sexo oral increíble, como a mí me gusta: suave y delicado, succionando mi clítoris con los labios para acariciarlo con su lengua hasta provocarme el primer orgasmo.  Ha sido muy excitante. Me encantan los hombres generosos y entregados en la cama, yo también lo soy y es la manera de que el sexo llegue a un nivel superior.

 Después nos hemos desnudado para terminar en la habitación comiéndonos la boca y cada centímetro de nuestra piel. Sintiendo y haciéndonos sentir. Cómo me gusta el sexo bien hecho, con cariño y atención, con tiempo para seducirnos previamente.

 Quedan aún varias horas hasta que salga mi vuelo de regreso, voy a tratar de exprimirlas. Mientras, decirte que espero que también hayas tenido un fin de semana inolvidable con dosis de buen sexo 🙂

 Si te apetece que tengamos una cita inolvidable, envíame un email contándome un poquito sobre ti y cuando quieres que nos veamos a  citaconmarta@gmail.com Te responderé enseguida.

 

La novedad es un plus

En los últimos meses han cambiado bastante las cosas en mi vida. Si ya me conoces, sabes perfectamente a lo que me refiero. Si aún no nos conocemos, lo dejaremos en que una nueva empresa se ha dado cuenta de que soy la mejor opción con la que pueden contar y ésto ha hecho que cambie de ubicación, de horarios, de despacho y (lo más excitante) han cambiado las personas con las que más tiempo paso a lo largo del día.

 Nueva gente, me encanta la gente. Se abre un espectro de compañeros que desean follarse a “la nueva”, además la nueva está soltera y bastante buena. Lo mejor de todo esto, es que la nueva soy yo 🙂

 No he cambiado demasiadas veces de empresa, pero siempre que lo he hecho recuerdo haber empezado con el propósito de no liarla parda. Espero saber reconocerme a mí misma tarde o temprano que sí, que la voy a liar parda, que me voy a tirar a quién no debo y que viviremos alguna situación de las que no apetecen, después de vivir otra que apetecía mucho. Partir de esa base, pienso que facilita mucho las cosas. Hay que conocerse.

 Esta nueva empresa tiene mucho que ofrecerme, realmente considero que puedo aprender muchísimo allí. Por otro lado,  en el departamento jurídico he visto a un par de  compañeros que también parecen tener BASTANTE que ofrecerme 😉

 Ya, ya sé que tirarse a alguien de la oficina es de las cosas menos inteligentes que se pueden hacer en la vida, pero que levante la mano quién no lo haya hecho. ¡¡¡Lo hemos hecho todos!!!  ¿a quién queremos engañar? Lo hacemos principalmente por cercanía, tampoco tenemos tanto tiempo para estar conociendo gente nueva. Y lo hacemos también por curiosidad, nos encanta descubrir cómo se lo monta una persona nueva y hasta dónde es capaz de llegar.

 La sensación de aparecer por la oficina con mis tacones y sofisticación, mientras noto las miradas de mis nuevos compañeros deseándome, me pone muchísimo. Me encanta gustar, es superior a mí. Pero, eso sí, esta vez no voy a liarla parda, de verdad que no…

😉

P.d. A pesar de los cambios, sigo teniendo tiempo para una excitante cita con un hombre diferente, elegante, generoso y que sepa hacer que una mujer se sienta única. Escríbeme y te digo cómo hacerlo. citaconmarta@gmail.com

Si quieres vivir una Girlfriend Experience en Madrid escríbeme a: citaconmarta@gmail.com

 

Primeras citas

Hacía mucho que no le cogía la mano a una desconocida, al menos, eso me dijo, y le creí. Lo hizo tímidamente mientras cenábamos, en un restaurante íntimo, de los que nos gustan para una primera cita.

Hablamos de cine, de series, de política, de él, de mí, de la vida, de nuestros sueños e ideales… Era fácil encontrar puntos comunes, siempre lo es con personas inteligentes y que están a favor de pasar una gran noche.

No sé exactamente en qué punto, quizá durante la última copa de vino, quizá ya en los cafés, sacó una cajita de un bolsillo de color  turquesa con un lazo blanco. ¿Era Tiffany?, sí, claramente era una pulsera de la joyería favorita de cualquier mujer. Me fascinó el detalle y le dije que me pidiese algo, que jugáramos un poco.

Pensó unos segundos y me dio la tarjeta de la habitación, se alojaba en el hotel de al lado. Me pidió que fuese a la habitación y que tenía 15 minutos de tiempo para sorprenderle. Le sonreí. Me gustó. Estaba deseando.

Subí rauda y veloz, me puse un body de encaje que llevaba guardado en el bolso, me alboroté el pelo para darle volumen, me coloqué las medias de blonda, adecué la iluminación de la habitación y le esperé sentada en una butaca junto a la cama. Abrió la puerta, me miró, sonrió y comenzamos a besarnos, supongo que ya habíamos hablado suficiente y se habían generado intensas ganas de comernos enteros, sin miramientos.

Después, tumbados en la cama, desnudos y abrazados, ambos mirábamos hacia no sé dónde, cada cual con sus pensamientos y disfrutando del momento. Son momentos de silencio y de sentir. Fue él quién lo rompió y sólo me dijo un significativo (muy significativo) “gracias” seguido de un beso.

Esta mañana, hoy, desde esta ventana, sólo puedo decirle lo mismo. GRACIAS.

senssual

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