El día del concierto

El día del concierto me puse unas botas altas, una minifalda de cuero negro a juego con la cazadora y una camiseta de sport (bien bonita).  El día del concierto realmente yo era el termino medio entre una femme fatale moderna y una tenneger que quiere aparentar más edad. El día del concierto fuímos a una sala pequeña que suena muy bien, aquí, en el centro de Madrid.

Hacía tiempo que no veía a mis amigas y realmente sólo quería divertirme con ellas, beberme dos copas y echar un vistazo a la oferta de la sección de machos alfa del local.

El día del concierto tocaba una banda que no conocíamos nadie, pero tenían un rollazo tremendo. Ese día, el día del concierto, sobre el escenario un bajista treintañero, de ojazos azules y sonrisa de “ay! que te como entero”.

Y claro, tocaba decidir :

A) Sigo de tonteo a muerte con los machos alfa que me rondan a ras de suelo.

B) Todo al rojo.

C) La B.

Supongo que estaba claro, ¿no?.

Y así comenzó el juego de la seducción desde el suelo al escenario. Y ya, cuando el escenario lanzo LA MIRADA al suelo y saltaron chispas, sólo me dejé seducir. Sí, ya lo sé, es el juego de siempre. Estas cosas no cambian.

La noche estaba dando un giro inesperado y como hembra betta que soy, puse a mis polluelas a buen recaudo con un par de chicos bastante majos.

Me desmarqué y seguí el concierto a mi rollo, frente a mi objetivo, bailando y pasándomelo como una niña. Algún despistado se acercaba de vez en cuando, pero vamos, yo no perdía de vista mi jugada ni un sólo momento. Soy una jugadora muy consecuente.

Acabó el concierto (por fin). Había sido tanta la intensidad que nada más bajar del escenario, el chico del bajo y de los ojos azules, me agarró del brazo, me llevó a un sitio aparte y me dijo: “Estaba deseando terminar para conocerte. Me llamo (blablabla)” (qué mono por favor!!!)

El caso es que el día del concierto, me volví a plantear lo importante que es estar abiertos a los regalos que la vida te puede traer. Que en cualquier sitio, en cualquier situación, todo puede cambiar y convertirse en una experiencia única, de esas que mola vivir. Creo que la clave es esa, ser flexibles con nuestro planteamiento de vida, porque en ocasiones es tan estricto que no permitimos que las cosas sucedan y nos perdemos mucho. No sé tú, pero yo no quiero perderme ningún futuro recuerdo que me haga sonreír.

Espero que tengas un feliz día y disfruta de tus regalos.

¡Ah! y por si no queda claro, me llevé el premio apostando al rojo. Él también se lo llevó 😉

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Marta Girlfriend Experience:

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Cuando se va de las manos

¿Y qué hacemos cuando se nos va de las manos?. Ya sabes, cuando de pronto te viene un amante y te dice que está colgado por ti enamorado de ti.

Entiendo que me implico mucho en mis citas, que esa implicación es innata y no forzada, lo cual, se nota. Entiendo que algunos de mis amantes lo son porque precisamente buscan esa diferencia, esa implicación, esa sensación de no ser cliente-escort. Entiendo también, que en ocasiones puedan estar pasando una situación “delicada” con su pareja. Y entiendo, que cuando todo esto se junta pueda dar lugar a que la cosa se vaya de las manos.

¿Cómo se gestiona cuando un amante te dice eso de “si tú me dices ven lo dejo todo” y no lo hace entonando un bolero?, cuando lo dice en serio, mirándote a los ojos y con el alma desnuda (aunque suene cursi).

Y es entonces cuando ves a un hombre triunfador y con muchísima clase, tan vulnerable como un chiquillo ante sus emociones.

Pues no, no sé cómo se gestiona esto.

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Por qué sigo siendo escort

Tengo un amante que es especialmente comprensivo conmigo. Me conoce, sabe que soy un poco mandona y me lo consiente, sabe que mis horarios son complicados y se adapta, sabe mis gustos y cada día que nos vemos me trae un detalle, sabe que me gusta organizar y se deja sorprender. Dan ganas de tenerlo en casa, lo sé.

La última vez que me llamó me dijo textualmente: “Toda la noche, tú te encargas.”

Me encanta!!!!

Me encargué de reservar un hotel magnífico y céntrico, me escapé a mediodía para ir a decorarlo con flores, velas y detallitos varios. Incluído dejar dicho que nos subieran fresas con chocolate a la hora que intuí llegaríamos.

Primero le sorprendí yendo a un concierto bastante íntimo al que me habían invitado. Sabía que le gustaría el estilo y no me equivoqué.

Después teníamos mesa en un restaurante, ahí repetíamos, pero es que es nuestro favorito y nos hacen la pelota, que me encanta.

La sorpresa final, tras comernos las fresas, una “amiga” se unió a nuestra fiesta.

Creo que a partir de ahora, siempre me va a dejar que organice nuestras noches. Ya le he advertido que estoy mu loca y la próxima vez acabaremos desayunando en París.

Por noches así, por experiencias como esta, por amantes como este, por locuras como todas… sigue mereciendo la pena.

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