Siempre que se presenta la ocasión de conocer a un nuevo amante, vuelvo a tener la sensación de que mil mariposas sobrevuelan mi estómago durante todo el día.

¿Me gustará?, ¿me habrá fallado en esta ocasión mi sexto sentido? Así todo el rato. Mi intuición no suele fallar, en realidad es a ella a quién debo haber conocido a hombres tan increíbles como los que se han cruzado en mi vida durante este tiempo. Junto a ellos he vivido aventuras apasionantes, divertidas, llenas de cariño, buen sexo y magia. La sensación de recordarlos y que sea irremediable que una sonrisa aparezca, me encanta. Me gusta saber que a ellos les sucede lo mismo. Porque sí, es posible vivir una historia de este tipo y que vaya mucho más allá del sexo. Insisto: mucho más allá.

Cuando Alberto me escribió tuve claro que quería quedar con él. Quizá fue por su determinación proponiendo la cita, supe que lo quería dejar resuelto en un primer mail. Si hay algo que he aprendido es que las personas respetuosas con el tiempo, tanto suyo como mío, suelen serlo también en todos los ámbitos. Le di mi teléfono para que pudiéramos cerrar los detalles: Tipo de cita (quería una velada. Yo también), hotel, restaurante, hora de la cita y algún detalle más sobre quiénes somos.

Estuve nerviosa durante todo el día. Me fui a la peluquería y después me compré un conjunto de lencería que volvería loco a cualquier hombre, pienso que ese tipo de detalles marcan la diferencia.

Me mentalicé, quería que esa cita fuera inolvidable para los dos. Hacernos olvidar por unas horas nuestra realidad y vivir una historia única, reírnos, disfrutar, aprender, descubrirnos y saborearnos.

Me puse un vestido rojo, elegante, discreto y que acentuase mi figura. Llegué al restaurante, puntual como siempre, miré hacia una mesa que estaba junto a la ventana y allí estaba él. Radiante y con una sonrisa que me hizo recordar por qué me sigue excitando tanto tener este blog.

– Hola. -Me dijo.

-Hola…

Si te apetece que tengamos una cita diferente y única, escríbeme y te responderé enseguida: citaconmarta@gmail.com

Sábado noche

 Hoy es mi último día lejos de Madrid, regreso mañana domingo tras unos  días de viaje a un lugar que mantiene  temperaturas veraniegas. Me gusta el calor en tiempo y en carácter.

 He venido con un cliente de mi empresa . Así soy yo, cada cierto tiempo tengo que crear una situación de alto riesgo para equilibrar mi mundo. Me sucede desde siempre, al principio no entendía por qué hago cosas tan diferentes a las del resto de mi entorno, cosas que deben ser secretas para evitar juicios o pellizcos emocionales innecesarios a terceros. Después simplemente lo he aceptado y dejado de cuestionarme. Así vivo mucho más tranquila. Me parece necesario tener secretos. No sé si te pasa lo mismo.

 No es importante cómo ha surgido  este viaje, no nos conocemos demasiado, pero me lo propuso y acepté. Solo le pedí que me regalara unos días que no pudiera olvidar jamás. Recogió el guante y ha cumplido con creces mis expectativas.

 Durante la cena de hoy le he soltado que para mí es muy importante que nuestro desliz sea un secreto. He supuesto que a él tampoco le interesa que se sepa, pero prefiero poner este tipo de cosas sobre la mesa y que podamos hablarlas con naturalidad. Me ha parecido que no le ha gustado demasiado mi planteamiento y ha subido la apuesta ofreciendo otros planes para que podamos hacer en Madrid la próxima semana. Me he quedado callada. Seguir quedando con él es demasiado arriesgado para mí.

 Al subir a la habitación, me ha sentado en el sofá y se ha puesto de rodillas frente a mí. Me ha bajado las bragas y ha comenzado a hacerme un sexo oral increíble, como a mí me gusta: suave y delicado, succionando mi clítoris con los labios para acariciarlo con su lengua hasta provocarme el primer orgasmo.  Ha sido muy excitante. Me encantan los hombres generosos y entregados en la cama, yo también lo soy y es la manera de que el sexo llegue a un nivel superior.

 Después nos hemos desnudado para terminar en la habitación comiéndonos la boca y cada centímetro de nuestra piel. Sintiendo y haciéndonos sentir. Cómo me gusta el sexo bien hecho, con cariño y atención, con tiempo para seducirnos previamente.

 Quedan aún varias horas hasta que salga mi vuelo de regreso, voy a tratar de exprimirlas. Mientras, decirte que espero que también hayas tenido un fin de semana inolvidable con dosis de buen sexo 🙂

 Si te apetece que tengamos una cita inolvidable, envíame un email contándome un poquito sobre ti y cuando quieres que nos veamos a  citaconmarta@gmail.com Te responderé enseguida.

 

Grita para que se corra

Hace tiempo leí  “El tambor de hojalata”. En un momento, una chica llegaba a trabajar a un prostíbulo y el primer consejo que recibía venía a decir: “Si el cliente no te gusta, grita mucho mientras practicáis sexo y se correrá rápido”.

Es un consejo que nunca he seguido, sobreactuar nunca se me ha dado bien y en el fondo pienso que si alguna chica lo hace, el cliente eyaculará sin pena ni gloria por no seguir con esa farsa. Que lo mismo no, no lo sé.

Pienso que una relación sexual va mucho más allá, que la excitación se siente, que la piel se vuelve más sensible, las miradas cambian, el olor se vuelve más profundo y que los gemidos, los gemidos de verdad, esos que no se frenan, los de volverse loca, no son gritos, son otro idioma.

El cuerpo habla, un hombre no sólo está excitado cuando tiene una erección, una mujer no sólo está cachonda cuando grita mientras la penetran. El sexo empieza mucho antes de esa penetración y es muy fácil ser buenos amantes sólo con aprender a escuchar y a sentir el cuerpo del otro.

Me gusta que me hagan enloquecer en la cama, sólo pensándolo, muchas veces ya estoy caliente mientras termino de maquillarme para ir a mi cita. En esto creo que somos iguales los hombres y las mujeres, nos excitamos excitando, porque cuando una persona está excitada, sabemos que sus límites se disipan y qué diablos! nos encanta ser culpables de eso!

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