Cuando quedo por primera vez y la propuesta es una velada  (cena + intimidad), se que en esa cita van a pasar cosas bonitas e irrepetibles.

Las horas previas a la cita sigue habiendo algo muy parecido a nervios que revolotean por mi estómago. Trato de elegir mi ropa y complementos con extremo cuidado, quiero mostrarme sensual pero la elegancia es lo primero.

Me doy un baño todo lo extenso que el tiempo disponible me permite, con velas y con aceites. Mi amante se merece lo mejor, es así. A mi pelo le dedico bastante de ese tiempo, tengo el pelo muy largo y abundante, me gusta que esté perfecto.

 Soy muy puntual. Me ha llevado años trabajar esa parte y me siento bastante orgullosa de haberlo conseguido. La puntualidad es una muestra de respeto inigualable.

Cuando voy camino del restaurante mi corazón late cada vez más rápido, la especie de nervios de hace unas horas directamente se han convertido en nervios. ¿Cómo será él?¿de qué le gustará hablar? ¿cómo me tocará? Y así hasta que llego.

Es bonito aparecer por la puerta, mirarle a los ojos, sonreir y ver que todo está bien. Mi intuición sigue estando en forma y de nuevo, se dará la noche que los dos esperamos.

Tener una velada es otra historia. Punto.

MT

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