Sexy congress

Me encanta la acogida tan cariñosa que he tenido tras el anterior post  🙂 ¡así da gusto!

Mola saber que sigue habiendo “amantes” al otro lado, que merece la pena conocer y tener cerca. Estoy conociendo gente tan increíble gracias a este blog, que dan ganas de quedarse aquí a vivir. Aunque bueno, mi vida A también mola bastante, no lo vamos a negar ahora.

Por cierto, la semana pasada estuve en un congreso fuera de Madrid. En esta ocasión yo no hacía ninguna intervención pero sí había gente de mi empresa y hay que apoyar… Eso y que llevaba tiempo detrás de conocer personalmente a uno de los ponentes y a ser posible, llevarle a conocer mi hotel, mi habitación y las cositas que me gusta hacer después de un vino y unas miradas sexies.

No las tenía todas conmigo porque no me conocía de nada y allí habría demasiada gente. Lo que sí tengo claro es que a los hombres que a mí me gustan, les suelen atraer las mujeres que  piden lo que quieren y están seguras haciéndolo. Así que, un par de días antes, ahí estaba yo, escribiéndole a través de una red social (benditas sean para este tipo de cosas), dejando claro que nos conoceríamos en ese congreso y metiendo alguna broma acerca de lo bonito sería coincidir en el mismo hotel.  Lanzada pero tanteando. Tardó unas eternas  horas en responder. Muy amable y haciendo preguntas. Bien. Le intereso. Le respondo. Me responde. No estamos en el mismo hotel. Los teléfonos personales. “El lunes nos vemos. Buen fin de semana”

En la sala él estaba rodeado de gente, yo me deshice de la mía cuando me encontró con la mirada. Decidí subir la apuesta para ver su reacción, le envié un whatsapp diciéndole que le esperaba en el baño y un guiño. Me respondió con un “jaja”. ¡¿Cómo que jajá?! De verdad que me explota la cabeza cuando intento ir de golfa y no me creen. ¡No lo entiendo!

Finalmente cenamos juntos, claro. Conocía bien la ciudad, así que me sorprendió bastante con el restaurante que eligió  (con lo que me gusta que me sorprendan). Nos reímos muchísimo. Bebimos vino y nos tocamos las manos con cierta timidez.

Me acompañó al hotel y le invité a subir. Se quedó hasta la mañana siguiente, que era la última jornada. En la pausa para comer, le volví a enviar el mismo mensaje, que le esperaba en el baño. En esa ocasión, su respuesta no fue “jajá”. Ni siquiera respondió. Sólo tardó 0,000003 en llegar 😉

martacitanoche

 

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