El AMOR se hace

Qué días tan complicados, qué situación tan difícil, cuánta tristeza, qué lejos parece volver a ser quiénes éramos el miércoles, o el martes, o el lunes…

Después de lo que pasó creí que dejaría de creer en la raza humana y fue entonces cuando vi hospitales colapsados por personas anónimas que corrieron a donar sangre, gente que cedía sus casas, sus negocios a desconocidos  que necesitaban protegerse. Vi taxistas que prestaban sus servicios gratis para trasladar a quiénes lo necesitaban. Y profesionales sanitarios. Y a todas las personas que conozco planteándose qué poder hacer para ayudar… No, claro que no se puede dejar de creer en nosotros…

Reflexiono y me reafirmo en lo importante que es no limitarse y vivir experiencias y compartir y abrirnos  a nuevas situaciones, que nos permitamos sentir amor por personas a las que apenas conocemos, o que acabamos de conocer, o que conocemos poco. No quisiera yo pecar de mística, porque no lo soy, pero sí puedo garantizar que eso lo siento y lo he sentido, al igual que las personas que están o han estado aquí, en este lado de la vida, conmigo.

 El amor lo hacemos desde que nos vemos, nos encontramos, nos cuidamos, nos hacemos sentir bien, damos lo mejor de nosotros, confiamos y también cuando follamos. El amor lo hacemos porque nos gusta vivir las experiencias tan gratificantes que el propio amor es capaz de crear.

 Y así, sigo pensando, que haciendo lo que hagamos, dure lo que dure, desde el amor, lo hacemos mejor.

Pero vamos, son cosas mías…

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Hemos venido a jugar

Existen personas que a día de hoy son capaces de sorprendernos. Créeme que eso es así.

Quedamos en un maravilloso local de Madrid donde también sirven cenas. Yo le interesaba realmente, quería conocerme y preguntó bastante, aunque siempre educado y sin pasar los límites que marcan la discreción de dos personas que se acaban de conocer.

Yo le escuchaba embelesada. Había viajado, había aprendido, tenía una filosofía de vida completamente diferente a la mía, lo que me provocaba una irremediable curiosidad. Curiosos, fuimos tan curiosos…

Se alojaba justo en un hotel que estaba al lado y me propuso un juego: “¿Y si fuese capaz de que nos abrieran la piscina de la azotea sólo para nosotros?” ¡Ostras! ¿Y si lo era?¡¿ Cómo perderse eso?!…

No me preguntes cómo lo hizo, pero tras unos minutos de espera sola en la habitación, me llamó para que subiera a la azotea. Y allí él y yo, y una calurosa noche madrileña, y las vistas, y alguna que otra estrella, y él besándome y nuestra piel…

Él me recordó que esta vida es un juego y que a veces nos regala momentos tremendamente diferentes. Juguemos, divirtámonos y atrevámonos… aunque sea en nuestras citas. Aunque sea nuestro secreto.

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Ojalá, de nuevo. Pronto

Cuando llegué a su habitación le noté nervioso, más que yo. Tenía es punto de hombre sencillo y cercano, si no me hubiera citado en el hotel que lo hizo, jamás habría pensado que era un exponente considerable dentro del comercio internacional (lo dejaremos ahí 😉 )

Soy curiosa, una de las mujeres más curiosas que podrás conocer, Saramago dijo: la vejez empieza cuando acaba la curiosidad, o algo así. Según esta frase, yo estaría viviendo una tierna infancia. El caso es que no podía disimular lo mucho que me interesaba todo lo que comentaba, sus opiniones, su forma de vida, de enfocar su matrimonio, de su cita conmigo…

A ambos nos fascinaba el cine de los 80, los dos habíamos visto OZART, coincidíamos en que el primer capítulo de Black Mirrow es lo más impactante que hemos visto hasta la fecha en contenido audiovisual y en que la industria de Hollywood molaba más cuando “tocaba en garitos pequeños”.

Pocas veces he tenido tanta conexión con alguien y reconozco que soy conectora por naturaleza. Evidentemente, todo esto se vio reflejado más tarde, cuando me enseñó su habitación.

Me costó despedirme, lo reconozco. Y eso que al día siguiente madrugaba dolorosamente.

Ya en el trabajo y con una sonrisa de oreja a oreja al recordar la noche anterior, recibí un correo suyo. Se había marchado de Madrid, pero había tenido tiempo para comprar un detalle que me esperaba en la recepción de su hotel.

En cuanto salí, fui corriendo al hotel. ¡Me encantan las sorpresas de ese tipo!. Y allí, esperándome, un paquete envuelto. Un libro. Una autora. Una dedicatoria.

Hoy pienso en él y le doy las gracias por dejarme un recuerdo mágico y dificilmente olvidable. Ojalá, de nuevo. Pronto 🙂

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